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La cineasta reconstruye desde su mirada, y otras de distintos orígenes, la historia del hombre que no dejó las convicciones en la puerta de la Casa de Gobierno, en su documental “Néstor Kirchner, la película”.

En su documental “Néstor Kirchner, la película”, Paula de Luque aprueba el desafío que la cineasta asumió este mismo año para darle su forma definitiva.

En caliente, a varias décadas de comenzada la historia, a una de su irrupción en la vida nacional con una nueva dimensión poco antes inimaginable y tan solo a dos años de su paso la historia que deviene presente todos los días, De Luque logra recortar al ser humano detrás del estadista.

Néstor Kirchner es una de las grandes personalidades de la política argentina y latinoamericana de los últimos tiempos, y un auténtico representante de la épica setentista que logró en el alba del siglo XXI, comenzar a recuperar su dignidad a quienes más lo necesitaban y a todos los argentinos.

Teniendo como premisa esa verdad cimentada por un sinfín de transformaciones iniciadas desde su llegada al poder, tras la más grande de las crisis socio-económicas e institucionales sufridas por la Argentina en su historia, comparable únicamente a la del comienzo de la década del 30, De Luque consigue transmitir, con emoción, los momentos públicos o privados que marcaron su vida, aunque cuente sólo con cien minutos.

Pueden existir tantos relatos de una misma historia como miradas, y lo mejor que puede ocurrir, cuando se trata de documentar, es hacerlo ofreciendo imágenes reales, unidas simplemente por sus denominadores comunes.

De Luque seleccionó un puñado de ideas alrededor de las cuales debían girar los episodios de una vida apasionante, y para eso no sólo recurrió a las imágenes que muestran a Néstor Kirchner en acción (eludió las fotos) sino también a testimonios.

Los testimonios de voces que reconocemos y sintetizan cada uno una historia, igual que los que aparecen delante de la cámara, sean su madre, su suegra, su hermana o su hijo, o gente agradecida, no necesitaban ser identificadas.

Es que todas esas imágenes, conocidas o no, o esas muchas voces, aportan piezas imprescindibles a ese inacabable rompecabezas que en verdad es Néstor Kirchner, una vida interrumpida paradojalmente antes de tiempo, en una circunstancia única y memorable -la del Bicentenario-, aquella en la que simbólicamente todos los argentinos comenzaba a mirar al futuro con ojos esperanzados.

Sin embargo, hay otros momentos trascendentes definidos tanto por la perspectiva familiar como por la política, sin que la segunda nunca eclipse a la primera, y en especial un subrayado en la sincera y decidida apuesta de Néstor Kirchner por la juventud.

Uno de ellos es el del 24 de marzo de 2004, la bajada de varios cuadros de genocidas militares de los muros del Colegio Militar; otro es el que lo muestra hablando en Parque Lezama frente a los integrantes de Carta Abierta, después de su único traspié electoral.

El repaso de varios mandatarios en la Sociedad Rural, el lockout del campo incluido el derrame de leche por la 125 y las retenciones, y la seguidilla de tapas del diario Clarín avivando el fuego de esa protesta, el desempate “no positivo” en el Senado del ex vicepresidente Julio Cesar Cleto Cobos, y la exitosa aprobación de la ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, también aparecen.

Muy oportuna resulta la inclusión del fragmento del programa de uno de los ciclos recientes de Jorge Lanata, en el que el periodista explica con absoluta seguridad el inmenso mapa audiovisual del Grupo Clarín, que defiende desde que pasó a integrar sus filas, negando sus propios dichos de años atrás.

Para la cineasta, la secuencia política que resulta determinante en su desenlace trágico, es la de los incidentes violentos que terminaron con la vida del ferroviario y militante de izquierda Mariano Ferreyra, que prologaron la crisis cardíaca que el ex mandatario, en Calafate, no pudo resistir.

Así como en el principio del filme la ruta define el rumbo del relato, las vías del tren guían este último tramo, que simboliza la vida en tránsito a una nueva dimensión que es para siempre, que es memoria, presente y futuro, porque pervive en el recuerdo de cada argentino.

De la primera hora, son las imágenes familiares en Super 8, con sus padres y hermanos, el testimonio de su hijo Máximo y su hermana Alicia, el recuerdo de su fiesta de casamiento, así como registros de su larga militancia en Santa Cruz, su llegada a cargos públicos y su posterior irrupción en la política nacional en 2002.

La poesía hecha imagen, la edición y la guitarra de Gustavo Santaolalla, los aportes de Iván Wyszogrod en la banda de sonido y los efectos especiales, son fundamentales como inspiración a la hora de subrayar aquello que se ve y escucha, logrando el efecto emocional buscado.

Es seguro que el documental de De Luque pueda ser completado, ampliado, por todo aquel pueda aportar algo más a la gran historia, igual que “Perón, sinfonía del sentimiento”, de Leonardo Favio que a pesar de ser un ejemplo inalcanzable, no resulta suficiente para completar la inmensa figura de Juan Domingo Perón.

Obra hecha con el corazón pero también con la convicción del militante, “Néstor Kirchner, la película”, es un valioso aporte para recuperar esos momentos que lo tuvieron como protagonista y acercar sus dichos y hechos a quienes todavía no los descubrieron, sin caer en el panfleto, recurriendo solo a la emoción, que no es poco en un mundo donde la escala humana va perdiendo forma hasta convertirse en leyenda.

 

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