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La canciller alemana, Angela Merkel, fue investida hoy para un tercer mandato al frente de una gran coalición cuyo dominio parlamentario deja escaso margen a la oposición.

A casi tres meses de las elecciones celebradas el 22 de septiembre, 462 diputados de los 621 presentes (faltaron diez a la sesión plenaria) respaldaron la candidatura de Merkel, quien regirá el destino de la principal potencia europea por otros cuatro años.

La gran coalición suscripta entre la Unión Cristianodemócrata (CDU) de Merkel, su ala bávara Unión Socialcristiana (CSU), y el Partido Socialdemócrata (SPD) suma 504 escaños.

La votación, en urna para preservar el secreto del voto, se saldó con 150 votos en contra y nueve abstenciones.

“Asumo la elección y agradezco la confianza”, dijo Merkel citada por la agencia de noticias EFE después de que el presidente del Bundestag, Norbert Lammert, hiciera público el escrutinio.

En tanto, la oposición conformada por la Izquierda y Los Verdes, sumó 127 escaños gracias al aporte de una veintena de disidentes de las filas gubernamentales.

El resultado de la votación, 74,9%, es record en la historia de la República Federal de Alemania (RFA), superior al 70,9% obtenido por la gran coalición del también conservador Kurt Kiesinger, en 1966, y al 64,9% con el que Merkel se convirtió en la primera mujer en ocupar la Cancillería alemana en 2005.

“Nuestro trabajo no consistirá en un mero criticar: representamos no sólo a nuestro electorado, sino a todos aquellos que no quieren mayorías sobredimensionadas, sino control parlamentario”, expresó Gregor Gysi, líder de Izquierda.

“Que nadie crea que vamos a empezar a acercarnos a Merkel por si acaso se rompe la gran coalición. Somos oposición, en eso nos concentramos en esta legislatura”, afirmó por su parte su colega de los Verdes, Katrin Goering-Eckardt.

Eckardt se refiere a los pronósticos que consideran que la alianza está destinada a romperse, porque a mitad de período cada bloque comenzará a luchar por sus intereses pensando en la siguiente elección.

En tanto, Merkel retomará mañana su plena actividad a tres meses de las últimas elecciones que arrojaron unos resultados inusuales al dejar afuera del Bundestag, por primera vez, al Partido Liberal, viejo aliado del SPD.

La primera actividad del nuevo gobierno es un viaje a París de la canciller y el nuevo ministro de Exteriores, Frank-Walter Steinmeier, para acudir al día siguiente a la cumbre de la Unión Europea (UE) con posturas consensuadas dentro del eje franco-alemán.

El socialdemócrata Steinmeier retoma el puesto que ya ocupó en la primera gran coalición de la canciller, mientras que sigue al frente de Finanzas Wolfgang Schauble, su hombre fuerte en la pasada legislatura y férreo defensor de la disciplina presupuestaria.

Ambos marcarán las pautas del continuismo en las dos carteras que más inciden en la política comunitaria e internacional de Alemania, mientras que los posibles cambios de rumbo o correcciones se concentrarán en lo doméstico.

En el nuevo gobierno hay pocos rostros nuevos, pero sí algún cambio vistoso de funciones, como el de Ursula von der Leyen, que de Trabajo pasa a Defensa, elevando su perfil de potencial sucesora de Merkel.

En tanto, el ex titular de Exteriores Guido Westerwelle, miembro de Partido Liberal, se retiró del gobierno y siguió la ceremonia del Bundestag en la tribuna, compartiendo fila con la madre de Merkel, Herlind Kasner.

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