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Sebastián Pantano había sido condenado a cadena perpetua en abril de 2012. Pero la Cámara de Casación modificó la calificación del delito “porque se le escapó el tiro”.

 

El Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) 28 condenó a Pantano el 16 de abril de 2012 a prisión perpetua “por robo calificado, portación ilegal de arma de fuego y homicidio criminis causa”, tal como habían pedido la fiscalía y la querella, al considerar que mató para lograr la impunidad en el robo.

Pero los camaristas Alejandro Slokar, Ángela Ledesma y Ana María Figueroaentendieron que se trató de un “homicidio en ocasión de robo” y, según el abogado, consideraron que al imputado “se le escapó el tiro por la resistencia de la víctima”.

Hoy el TOC 28 volvió a pronunciarse sobre el caso, pero sobre la nueva calificación. En su fallo, rebajó la pena del asesino a 18 años y seis meses de prisión.

A su vez, según el Centro de Información Judicial, el tribunal unificó la pena de Pantano con otra condena que tenía en el Tribunal en lo Criminal N° 5 de Morón, por lo que en total deberá pasar 23 años en prisión.

Ezequiel Agrest fue asesinado el 8 de julio de 2011 en el pasaje Bertrés al 500, casi Pedro Goyena, del barrio porteño de Caballito, donde vivía Lucía Agosta, una compañera suya. Ambos fueron sorprendidos por un joven que ingresó a robar cuando bajaban cosas de un auto.

El asaltante, quien actuó solo, los amenazó con una pistola calibre 45 que nunca fue encontrada y los hizo ingresar a la casa, por lo que la joven le entregó dinero en efectivo.

No obstante, el delincuente no quedó conforme con el botín obtenido y maniató a Agosta y a su hermano y, cuando se disponía a hacerlo con Agrest, éste se resistió, por lo que primero lo golpeó con la culata del arma en la cabeza y luego le disparó dos tiros.

Durante el juicio oral ya había habido diferencias entre los jueces –en minoría Luis Márquez votó por “homicidio en ocasión de robo”–, mientras que el imputado confesó ser el autor del crimen pero dijo que se le “fue la mano” y que el disparo fue “accidental”. La Cámara de Casación le creyó.

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