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Se alzaron en armas en febrero para defenderse de un cartel local y en protesta contra la inacción estatal. El gobierno quiere desarmarlos. El conflicto ya lleva 990 muertos. Ayer hubo nuevos choques.

Se trata del conflicto interno más grave en los últimos 20 años, tras la salida militar al conflicto ensayada por el presidente Felipe Calderón que acabó con un saldo oficial de 70.000 muertos entre 2006 y 2012.

Los civiles –autodenominados Grupos de Autodefensa– son liderados por el médico José Mireles y se rebelan contra la violencia y los abusos de Los Templarios, un grupo narco cuyos sicarios cometen extorsiones, violaciones y asesinatos. Los milicianos, que se identifican como campesinos y hacendados, se quejan de la falta de protección estatal. Es esta la primera vez en la historia del combate local al narcotráfico que un grupo civil se arma para su autodefensa.

Desde su aparición, las autodefensas controlan 11 alcaldías. El gobierno admite que tienen presencia en 40 de los 113 municipios del Estado. Grupos de derechos humanos desconfían del programa de acción de los milicianos y sospechan que, a la larga, acabarán convirtiéndose en grupos paramilitares de ultraderecha con agenda propia y una amenaza incluso para el resto de la población.

La semana pasada, el presidente Peña Nieto envió 1.000 soldados más que se suman al millar ya desplegado. Buscan desarmar a las milicias y recuperar el poder policial para el Estado. Pero los milicianos rechazan entregar su armamento.

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