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Navidad no es tiempo para agredir, volverse egoísta, ingerir licor hasta perder el control. No es tiempo para deprimirse, pensando en lo que ya no existe, o lo que partió. No son regalos que disculpan nuestros errores, ni nuestra ausencia.

Navidad es tiempo para disfrutar en familia, soltar a los seres queridos que han partido, reflexionar sobre lo vivido, mostrarse amigo y disfrutar con ellos conversaciones intensas. Es un tiempo que debe aprovecharse para enriquecer su diálogo interno, para encontrarse consigo mismo, con Dios y con su destino. Debe ser el momento para restaurar relaciones lastimadas, pedir perdón y perdonar.
Navidad es tiempo para reír y disfrutar la compañía de las personas que amamos. Es elegir ser feliz en medio de la realidad que vivimos y dar gracias a Dios por todo lo que nos rodea. Es un momento para volver a levantarse, y comenzar de nuevo. Es un tiempo para fijarnos metas y replantear las no alcanzadas.
Navidad es la oportunidad para recordar la historia del nacimiento de Jesús, celebrar su amor por la humanidad, permitirle nacer en nuestros corazones y ser el centro de nuestro hogar.
Navidad es tiempo para dar buenos regalos, por lo que hay que recordar que el destino final de todo regalo es el corazón de la persona que amamos o estimamos. Es entonces, cuando sobra la envoltura, y por eso, los regalos más valiosos no pueden envolverse, pues su valor lo expresan; el abrazo, el beso y un “te amo”.
El regalo adquiere su valor a partir del afecto y del apoyo expresado, por lo tanto, no hay regalo, si no nos damos a nosotros mismos. El regalo está incompleto, si sólo tiene un valor económico, o es simplemente un compromiso.
Un regalo, es un gesto de desprendimiento cuyo objetivo es traer felicidad a la otra persona, mientras le expresamos nuestro afecto y cariño.
Hay regalos que no son necesariamente objetos materiales. Un buen regalo, puede ser un consejo oportuno, un abrazo sincero, la recomendación de un buen libro o un gesto espontáneo de cariño.
Los regalos hacen que la amistad crezca, y para que se logre, requiere el detalle de una relación sincera y de una actitud honesta. Pero sobre todo, debe recibirse con gratitud y sin ninguna expectativa.
Nunca espere un regalo, ni haga un favor para recibir algo a cambio. Cuando dé un regalo, hágalo como un acto de desprendimiento y de afecto. Un regalo no es un compromiso, es un gesto espontáneo de amor.
El regalo no compra la amistad, ni el favor de alguien. Un regalo, es la expresión sincera del afecto que une a las personas. Es servir con amabilidad, es tener una palabra de gratitud, es valorar lo que se hace, es levantar el ánimo, o simplemente escuchar.

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