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Además de ser un muy buen músico (todos los que lo conocen saben eso) Pedro Aznar siempre se rodea de buenos colegas que están en sintonía con los proyectos en los que se embarca. Aznar es un músico laborioso que trabaja en varias direcciones y se apasiona con cada cosa que emprende. Esta no es la opinión de alguien que lo conoce sino de una persona que ha escuchado la mayoría de sus discos, desde el primero, aquel que publicó hace exactamente treinta años y que incluyó temas propios y músicas de Ravel, Miles Davis y los Beatles. En su carrera, la composición propia siempre estuvo alternada con su fascinación por la música de otros y por géneros tan distantes como el rock, el folklore argentino, el jazz y cierto material de la música académica. No todo lo que tocó y grabó es de excelente factura, pero se puede decir que el éxito de sus incursiones se debe a una actitud despojada de divismo y a una búsqueda franca.

Meses atrás, el gobierno porteño lo convocó para un concierto al aire libre que fue totalmente dedicado a la música de Luis Alberto Spinetta. Esa presentación multitudinaria, realizada el 29 de abril (dos meses y medio después de la muerte del Flaco) quedó plasmada en un álbum doble, de reciente publicación, Puentes amarillos, Aznar celebra la música de Spinetta.

Celebrar significa conmemorar pero también alabar o reverenciar. Y ese concierto es una celebración por todo lo que abarca su definición y por el modo como se sumerge en la obra de Spinetta. Aznar ha sabido condensar en su actuación la belleza de los versos y las melodías de Spinetta con los pequeños secretos del universo musical del Flaco, incluso con muy sutiles referencias estéticas de la época en que fueron compuestos algunos temas (se nota en la manera de tocar, en arreglos y en algunos solos).

Las canciones son 26 piezas exquisitas. Por supuesto que pudo haber quitado algunas e incluido otras. Pero el valor está en la consistencia de la obra completa y en una interpretación que a veces se ajusta y otras se aparta muy levemente del canon spinettiano, pero siempre rescata y protege su esencia y todo aquello que los músicos admiraban de Spinetta al momento de componer.

“Voy a tratar de conectar toda la noche con las canciones y no conectarme demasiado con los recuerdos, porque si no, no voy a poder cantar”, dice Pedro después del tercer tema.

A veces, su voz suena apenas acompañada por su guitarra; en otras ocasiones surge arropada por teclados, bajo y batería. En todas se luce y le saca brillo a temas perdurables. No es necesario mencionar los títulos. Basta con decir que la hondura del trabajo de Aznar en toda la previa de esta producción y todo lo que puso (puso el alma) sobre el escenario aquel día frío de abril convierten a esta placa en un testimonio imprescindible para recordar a Spinetta, además de los discos (incluido el maravilloso álbum de Las Bandas Eternas) que el mismo Flaco grabó. Una verdadera celebración..

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