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La ex jefa de seguridad de Independiente dijo que dejó su cargo por la imposibilidad de “desarticular mafias”. Reconoció diferencias con Cantero a quien, sin embargo, calificó como “buena persona”.

“No me sorprendió la relación entre barras y política, no es más ni menos que lo que sabemos”, “es mucho dinero el que se maneja” y “si no hay control y no hay compromiso se asientan esas cuitas que cuesta mucho desarticular”, fueron algunas de las expresiones que Florencia Arietto utilizó para explicar su renuncia al departamento de seguridad de Independiente.

En septiembre pasado, cuando asumió en el cargo, anunció “tolerancia cero para los barrabravas” y se propuso terminar con la violencia en el fútbol: no pudo.

En una entrevista con Juan Pablo Varsky en radio Metro 95.1, la abogada reconoció que “había cuestiones muy básicas que no se pueden modificar que tienen que ver con lo técnico para desarticular mafias” y acusó una “conducta omitiva del poder judicial”.

Arietto, reconocida por denunciar a la policía bonaerense en casos de gatillo fácil, reconoció diferencias con el presidente de Independiente, Javier Cantero, abanderado en la causa contra los barras, pero hizo una llamado a los “hinchas genuinos” para que los apoyen en su lucha.

“Con el presidente hay un afecto, es una persona buena, le digo a los hinchas que al final la batalla la vamos a ganar, que no hay que perder la esperanza. Simplemete nos llevará algo más de tiempo. Cantero es lo mejor que le puede pasar a Independiente: que lo acompañen y lo sostengan”, remarcó.

Desmentida y confirmación

La abogada negó rotundamente que su firma haya sido falsificada en la presentación de su renuncia y despejó así todas las dudas que giraban en torno a un rumor surgido a partir de que su salida de Independiente tomó estado público.

Por otro lado, confirmó que está embarazada pero descartó cualquier ligazón entre su estado y la renuncia: “No va a ser tan fácil que me subestimen por embarazo. Soy una luchadora y quiero dejarle a mi hijo un mundo mejor”.

Por último, ratificó con una frase su convencimiento de que, más tarde o más temprano, habrá victoria sobre las barras bravas: “A mí me tocó entrar a Normandía; a otros les tocará entrar a Berlín”, figuró en el marco del histórico desembarco en Europa de los aliados del noroeste de Francia que provocaron, tras cruentas luchas, la retirada del ejército alemán para ponerle así fin a la Segunda Guerra Mundial.

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