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Se trata de Marcelo Ricardo Hojman, empresario de 50 años. Fue encontrado en Santa Catarina, Brasil tras estar desaparecido desde el viernes.

El empresario Marcelo Hojman, de 50 años y buscado desde el viernes último, apareció en el consulado argentino en Florianópolis, Brasil, y denunció haber sido secuestrado, confirmó su esposa, Marisa Zárate.

La mujer dijo que su marido permanecía esta mañana en el país vecino en buen estado de salud aunque seguía “muy shockeado y angustiado”, a la vez que contó que los “delincuentes” que lo interceptaron en Santa Fe cuando viajaba por negocios simulaban realizar un “control policial” y le “afeitaron la barba, el bigote y la cabeza pese a ser semicalvo”.

Zárate, locutora oficial de la Corte Suprema de Justicia y asistente de la magistrada Elena Highton de Nolasco, reconoció que el caso le llamaba “mucho la atención” ya que “no le robaron nada” a su esposo, y aseguró que ponía “las manos en el fuego” por el empresario aunque “alguno pueda decir que se fue a tal lado o que no se fue solo”.

Consideró que a Hojman lo secuestraron cuando viajaba por la autopista Rosario-Santa Fe para usar su “camioneta” y utilizarlo como “chofer” con el fin de salir del país, debido a que el hombre tenía los “papeles” del vehículo en regla.

“Marcelo está en Brasil y sé que tiene que declarar allá, desde las 9.30. Está en el consulado y espero que, cuando termine de declarar, el cónsul lo suba a un avión y lo mande lo más rápido posible para acá, porque está muy shockeado y angustiado”, dijo Zárate.

La mujer, quien reiteró que habló anoche con su marido por teléfono, insistió con que su esposo, representante oficial de la firma checa de bujías Brick y residente en la ciudad de Buenos Aires, fue detenido en la autopista Rosario-Santa Fe por un grupo de hombres.

Detalló que esas personas simulaban realizar “un control policial” cuando el empresario realizaba una “recorrida de clientes” por el interior del país. “Le piden los papeles de su camioneta, una Volkswagen Gol Country; le hacen abrir el baúl y le dicen: ‘No, esto así no va’. ‘¿Cómo que no va, qué problema hay?'”, pregunta él. ‘Suba, suba, se viene con nosotros’, le ordenan mientras lo apuntaban (con un arma de fuego)”, relató.

Añadió que “lo llevan rumbo a Brasil y lo mortifican porque le piden los teléfonos de sus hijos, del mío y los de sus padres, y le dicen que, si no hace lo que le piden, van a ir matando a cada uno de nosotros”.

“Marcelo necesita contención; estuvo llorando. Le afeitaron la cabeza, la barba y el bigote para cambiar su fisonomía. Marcelo era semicalvo y no entiendo por qué le afeitaron la cabeza”, concluyó.

 

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