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Cuando nuestro país comenzó a gestarse, mucho antes de la Revolución de Mayo, los primeros pobladores se divertían con obras callejeras que representaban situaciones cotidianas. A veces cómicas, a veces dramáticas. Los actores no montaban sus obras en un lugar permanente: iban de poblado en poblado, representado sus historias en casas o en plazas. Se le denominaba “Circo criollo”.

Así la gente se divertía con estos artistas errantes hasta que el 30 de noviembre de 1783, se inauguró el Teatro de La Ranchería, la primera sala que existió en Buenos Aires. La sala se la habilitó en forma provisoria en un galpón de depósito, con la idea de construir más tarde un recinto definitivo. El pequeño teatro, poco a poco se fue transformando en el centro de la actividad lírica y teatral de la ciudad. Una vez a la semana, los domingos, entre las 16 y las 19:30, el teatro abría sus puertas y los ciudadanos asistían a veladas de ópera o a disfrutar de las obras de teatro.

El Teatro de La Ranchería permaneció hasta 1792, cuando un incendio lo destruyó por completo. Nunca se supo bien como se originó el fuego, pero el Teatro de La Ranchería fue tan importante para la comunidad que para homenajearlo cada 30 de noviembre, día de su inauguración, se celebra en Argentina el “Día del Teatro Nacional”.

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